Si la columna está podrida
El Pais
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Dicen los que saben de estas cosas que con la tauromaquia acabará, por mezquindad, el propio mundo del toro, curiosamente el más interesado en que continúe. Me atrevo a decir que con la democracia sucederá lo mismo: acabarán con ella precisamente quienes deberían defenderla por encima de cualquier otro interés, ya sea personal o partidista. Si un símbolo —no solo de la izquierda sino de nuestro sistema de gobierno— como José Luis Rodríguez Zapatero resulta ser culpable de los delitos que se le imputan, no podrá extrañarse luego la política del cada vez mayor desapego de la ciudadanía hacia la propia institución democrática. Más allá de ser un expresidente del Gobierno, Zapatero, a diferencia de, por ejemplo, José Luis Ábalos o Santos Cerdán, ha sido el emblema de que existe una forma de hacer política (tanto desde el Gobierno como desde la oposición) diferente a la actual basada en el talante, el diálogo, el respeto institucional, la pulcritud y la honradez... Si esta columna de carga está podrida, la confianza en la democracia que tanto ha costado construir en España se vendrá abajo. David Barbas. Pamplona. Estoy de enhorabuena: tengo 34 años y un piso. Acabo de entrar a formar parte del 36% de menores de 35 que tiene una vivienda en propiedad. Y todo gracias a un aval que me permitía pagar solamente un 3% de entrada, a una bonificación del ITP del 4%, a la ayuda financiera de mis padres, y a que he encontrado una VPO de segunda mano con una vendedora que no pedía dinero en negro. Con todo eso, puede decirse que he tenido suerte. Y así ha sido, pero también me quedan muchas preguntas. Tengo dos licenciaturas, un máster, un doctorado, 11 años cotizados, entre dentro y fuera de España, y un trabajo cualificado como profesor en una Universidad. Si yo, con mis condiciones, he necesitado de todo el arsenal de medidas económicas disponibles, de casi todos mis ahorros y de parte de los de mis padres para acceder a una vivienda protegida, ¿qué no necesitarán quienes tengan menos privilegios, menos oportunidades o peor suerte? Manuel Aragón Ruiz-Roso. Salamanca Sorprende el prurito estético de algunos alcaldes —entre ellos el de Barcelona— que quieren mejorar la estética de sus ciudades prohibiendo que los ciudadanos tiendan la ropa en sus balcones. Extraña que desconozcan cómo viven parte de sus conciudadanos, la dimensión de sus viviendas y el número de personas con quienes las comparten. Sorprende también que, de tanto mirar hacia las alturas, nunca dirijan la mirada a ras de suelo y vean el número de personas que no afean la ciudad llenando sus balcones con lo que no cabe en sus casas, simplemente porque no la tienen. Muchos de ellos pernoctaban con más comodidad en el aeropuerto, pero también se consideró que no daban la imagen adecuada, y fueron desalojados. Y así se diseminaron por los lugares que no ven los que ejercen el poder político. ¿Cuándo llegarán esas medidas que hagan más humana la ciudad en la que vivimos? Mercedes Mas. Barcelona




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