Teresa Rodríguez: “Hablar de mi cáncer en la campaña era demasiado fácil y demasiado feo”
El Pais
Image: El Pais
Si quiere usted saber cómo es alguien, asómese a su biblioteca. En el salón de la casa de apenas 60 metros que Teresa Rodríguez (Rota, 44 años) comparte con José María González, Kichi, y sus hijos en pleno barrio de La Viña de Cádiz, una librería de pared a pared dibuja una aproximación: su poco de andalucismo o de Carnaval comparten espacio con dos bufandas palestinas. Allí, en su territorio, la fundadora de Adelante Andalucía, miembro de la dirección del partido, rompe su silencio, después de una campaña en la que no ha podido echar el cable a su partido, por estar convaleciente de un cáncer de mama, como ella misma avanzó el domingo electoral. Pregunta. De los dos parlamentarios a los ocho, viniendo de una travesía en el desierto con pérdida de alcaldía de Cádiz, incluida. Más allá de la épica, ¿qué cree que ha funcionado? Respuesta. Es trabajo de hormiguita. Vamos a quitarnos ya de la cabeza la idea que tenemos la generación del 15M de que la audacia comunicativa lo hace todo. No es verdad. Tenemos un montón de asambleas de base que se han ido construyendo de a poquito. De gente militante que ya venía de hacer activismo: en la escuela, en el trabajo, en el barrio y que se han puesto a construir el andalucismo político en esta tierra. No tiene mucha épica ese trabajo diario, de convencer a tu compañero y compañera de que hay que hacer una huelga o de que hay que hacer una movilización. Si no, no hubiéramos llegado hasta aquí ni de broma. P. Aun así, la noche electoral usted decía que a partido le ha ido mejor sin usted, ¿por qué lo cree? R. Porque no estando yo, lanzamos dos mensajes. Uno, que cumplimos con los compromisos y que somos gente coherente, que yo creo que es uno de los valores que se echa más de menos en política y que es uno de los grandes valores de mi organización, de los que estoy superorgullosa. Y el segundo es que, desapareciendo yo del ámbito público, por fin puede aparecer otro perfil que acaba con la antigua fobia que yo podía arrastrar, de todo el hate que había ido atesorando. Nos permitía romper también con lo de ‘esos son los que se pelearon en Podemos, que rompieron y formaron una facción, que luego se juntó con no sé quién y se peleó con no sé cuánto’. Cortamos con eso y empezamos un camino de bondad, de paz interior, de respeto a la diferencia y de gestión de la democracia interna del partido de una forma saludable. P. No participó en la campaña porque estaba en un tratamiento de quimioterapia por un cáncer. Esto es algo que no había hecho público hasta el pasado domingo, a raíz de una metedura de pata de alguien que le increpó en redes. ¿Fue un impulso tener que decirlo así? R. Fue un impulso. Me lo pusieron a huevo y también ya me sentía más tranquila porque la campaña había terminado. No quería ser la protagonista de la campaña de Adelante por todo lo que he dicho antes y porque me parece un poco feo utilizar una enfermedad personal. Era como demasiado fácil y demasiado feo. Y así ocultaba a las miles de mujeres que han sufrido la crisis de los cribados, porque tendemos siempre a intentar focalizar en una sola persona un problema que es estructural y social, que es la privatización de la sanidad en Andalucía y de los recortes. Si seguimos troceando la cadena de control del cáncer, desde el sistema va a seguir pasando. P. El diagnóstico y su tratamiento han coincidido con esa crisis andaluza de los cribados, ¿le ha permitido empatizar mucho más con el sufrimiento de esas mujeres? R. Para mí, el peor momento fue cuando todavía no sabía si lo tenía o no. Una vez que te dan el diagnóstico y te ponen en tratamiento, si las cosas van bien, como en el caso del cáncer de mama que yo estoy peleando, que tiene muy buen diagnóstico, te entra ya una calma de estar confiando en profesionales que sabes que son los mejores porque son los tuyos y porque confío muchísimo en el sistema público. Pero esa espera del diagnóstico de la prueba que te falta, del TAC que no llega, de la resonancia, de la lista de espera y del ya te llamaremos... Estos momentos son absolutamente angustiosos. Para mí ha sido muy desconcertante que, como vivo en el centro de Cádiz, tenía que ir a San Rafael, un hospital privado. ¿Por qué tengo que ir allí si yo no quiero ir a un centro privado? Por cierto, por esto que dice Vox de la prioridad nacional y de que los extranjeros copan nuestros servicios, en todo este proceso, en la quimio, en las colas que hay preguntando ‘¿dónde está mi resonancia o mi TAC?’, no he visto ni un solo extranjero. Lo he visto de médico en el hospital privado, seguramente porque le pagan bastante menos. Ahí es donde están, dando servicio, no aprovechándose de nuestro servicio público. P. Sobre aquella impertinencia que le dijeron a usted por X, estamos viendo una ola de odio, sobre todo en redes sociales. Sin embargo, ustedes han hecho una campaña en tono positivo, afable, y les ha ido muy bien. ¿El odio lo fomentan los políticos y lo reproduce la sociedad, o es al revés? R. En la etapa del 15M pensaba que todos los males del mundo venían de la casta política. Pero, en realidad, hay cosas básicas en el ser humano, como el egoísmo, la avaricia y la soberbia, que en política se multiplican por 10. También, en el ámbito del espectáculo, los medios de comunicación y los sitios de visibilidad pública, pero que están dentro de todas nosotras. Combatirlo es un trabajo cotidiano. En todos lados hay estructuras de poder donde la gente es envidiosa e intenta odiar al otro. En la política, es más visible y desde ahí se pueden combatir, intentar pelear por una sociedad más amable, más cariñosa y más tierna. Yo apelo a la ternura. La perdí en el Parlamento Europeo, en las peleas internas de Podemos, en la pelea con Susana Díaz en el Parlamento andaluz. La ternura es como una batería que se va agotando y hay que recargarla para poder recuperar la idea primigenia que lleva a una persona a comprometerse con la comunidad, cuidar, amar, tratar de respetar, intentar generar empatía. Eso en la política es más difícil de conseguir porque es más testosterónica y peleona. La oxitocina se segrega poco en los parlamentos y en los partidos, pero creo que nosotros sí hemos sido capaces de trasladarla a la campaña electoral. José Ignacio ha sido capaz de proyectar esa cosa tierna y normal de gente que no quiere generarle problemas a los demás, sino que trata de contribuir a solucionarlo. P. Se habla mucho de la vía Rufián. ¿Usted cómo ve esa propuesta? R. Tengo que alabar la intención. Es buena y viene un poco de ese miedo a que la extrema derecha entre en el Gobierno. Pero ahora no es el momento. Para una vez que asomamos la cabeza, ¿ya toca guardar la bandera de Andalucía en el cajón con lo que hemos esperado para poder sacarla? Las reivindicaciones que hace el andalucismo, como las que hace el feminismo, son buenas para conjunto de la sociedad porque no vamos a defender políticas de derecha para los ricos. Vamos a defender el derecho laboral, el servicio público, la fiscalidad progresiva. Sánchez está gobernando porque llegó a un pacto con Sumar, pero ¿quién le ha dado los votos que necesitaba para la investidura? La comunidad de las naciones históricas con sus partidos. P. Uno de los bastiones de Adelante en las andaluzas han sido los barrios urbanos golpeados por la falta de vivienda bastante atroz, ¿qué solución cree que debe proponer el partido para ello? R. La intervención, así de claro, por derecho, con la manga remangada, con la maquinaria pesada y con todo lo que haga falta. La vivienda es un derecho y en la medida en que sea una mercancía, no va a ser nunca accesible para la persona trabajadora. Hay que intervenir el mercado de la vivienda y dejar de considerarla una mercancía, que se mercadee con otras cosas, pero no con el techo de la gente. Eso pasa por expropiar las viviendas de los grandes tenedores, empezando por las entidades financieras. Y ahora te dice Juanma Moreno que es que queremos quitar el piso de la playa. No, a lo que queremos meterle mano es a los millones de pisos vacíos que tienen los grandes tenedores de vivienda, a los pisos turísticos. En Andalucía se compran pisos a mansalva para alquiler turístico. Esto está ocurriendo aquí, en mi barrio y sin dejar absolutamente ninguna renta, nada más que la muchacha que va con el carrito de la ropa de cama que cobra dos pesetas. P. Hace décadas que no hay un partido andalucista en el Congreso, ¿qué reclamaría Adelante Andalucía para esta tierra? R. La lista sería bastante larga. Desde luego, igualdad de trato en términos de política financiera, porque aquí todo el mundo se echa la pelota con el sistema de financiación. También en infraestructuras. Las 12 ciudades más grandes de este país sin tren están en Andalucía. El resto de políticas que defenderíamos son buenas para el conjunto de la clase trabajadora del Estado: subir el salario mínimo, acabar con la precariedad por derecho, garantizar el derecho a la vivienda, financiar suficientemente los servicios públicos, hacer una reforma fiscal progresiva por derecho. Esto beneficia a Andalucía, pero también beneficia al obrero de Madrid, Valladolid y Cuenca. Eso también lo han hecho las otras izquierdas de los territorios, no solo han defendido a Cataluña. Porque un diputado andaluz del PP, ni del PSOE en pocas ocasiones, lo han hecho porque ellos son la correa de transmisión de su partido, no de su territorio. P. Ignacio García se sigue refiriendo a usted como “la líder”, ¿cómo lleva este papel? R. Esa mentira cochina suya, porque le gusta llamarme ‘la jefa’. Ahí mandan los órganos de los que yo me he retirado para curarme. Afortunadamente, ya no soy la líder, ni soy tampoco la referente. P. La noche electoral le preguntaron si sería candidata al Congreso de los Diputados por Adelante. Dijo que no, pero José Ignacio García replicó, ‘ya se verá’, ¿se lo ha pedido? R. No me lo ha pedido. P. ¿Y lo aceptaría? R. No, no. Ya mi tiempo pasó. Yo estuve los ocho años. Fíjate lo bien que nos ha ido ahora. Vamos pa’lante con lo que tenemos, que es gente joven, superpreparada; ya verás lo que vamos a mandar a al Parlamento [de Andalucía]. Van a dar un juego y van a hacer un trabajo chulo porque, además, están fresquitos, acaban de llegar y van a estar locos por presentar iniciativas. Les van a llamar por teléfono para decirles: “Oye, llévame esto, llévame lo otro y no van. Gloria bendita para los relevos y los aires nuevos. P. ¿Y cuál va a ser su lugar, entonces? R. Mi lugar es mi barrio, mi familia, mi instituto, el sindicato de profes. La pelea que haya que dar por evitar a la turistificación de mi ciudad. El desahucio de mi vecino en no sé dónde o la asociación. Es que si no se hace ese trabajo de verdad, lo otro no vale para nada. Nosotros hemos estado en situación de llegar al poder y no poder cambiar las cosas porque no hemos construido conciencia por abajo. Hoy en EL PAÍS Spotify | Apple Podcasts | YouTube | iVoox |Podimo Alexa Si tienes quejas, dudas o sugerencias, escribe a defensora@elpais.es o manda un audio a +34 649362138 (no atiende llamadas).
Leer el artículo original
Visita la fuente para la historia completa.




%3Aformat(jpg)%2Ff.elconfidencial.com%252Foriginal%252Ff34%252F56b%252F4bf%252Ff3456b4bf3cd9bb782824e835c643f13.jpg&w=1200&q=75)