Los mercados emergentes, ejemplo de resiliencia en las actuales crisis
Cinco Días
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En un mundo marcado por la fragmentación geopolítica, las tensiones comerciales, la volatilidad energética y la reconfiguración de las cadenas de suministro, los mercados emergentes están mostrando una resistencia inesperada. Lejos de actuar como el eslabón débil de la economía global, muchos países han reforzado sus fundamentos macroeconómicos y ganan peso en el nuevo equilibrio económico mundial. Este escenario, unido a unas valoraciones atractivas y buenas perspectivas de crecimiento, está devolviendo el interés hacia las economías en transición para unos inversores cada vez más selectivos. De hecho, uno de los acontecimientos más llamativos de los últimos meses ha sido su resistencia ante las recientes crisis. “Históricamente, una gran crisis del petróleo se habría traducido en caídas significativas en los valores de los países en desarrollo, pero esta vez no ha sido así. En cambio, los mercados emergentes han entrado en este periodo con unos fundamentos sólidos y una credibilidad política robusta, lo que ha ayudado a esta clase de activos a absorber la volatilidad mucho mejor de lo que muchos esperaban”, resalta Pramol Dhawan, responsable de gestión de carteras de estas áreas en Pimco, quien cree que estos países se ven cada vez menos como una fuente de riesgo y más como una fuente de resiliencia dentro de los portafolios diversificados de los inversores. Por su parte, Madison Faller, estratega de inversiones globales en JP Morgan Private Bank, apunta que estos están entrando en este nuevo escenario con reservas más sólidas y una economía global más fragmentada, “lo que podría traducirse en un mayor poder de negociación para los productores de recursos y las economías con una industria manufacturera escalable o una ubicación geográfica de importancia estratégica”. También Mario González, responsable de negocio de Capital Group en España, US offshore y Latinoamérica, cree que muchos mercados emergentes afrontan este periodo con fundamentales macroeconómicos más sólidos que en episodios anteriores de tensión geopolítica. Años de ajuste han dejado a varios países con niveles de deuda más manejables, una inflación mejor anclada y balances externos más sólidos, lo que reduce su vulnerabilidad a las crisis. “El cambio se refleja en los datos: la ratio deuda/PIB ha caído del 65% en 2022 al 60% actual, la inflación media está por debajo del 4% y los tipos de interés reales en casi todas las economías en transición son más altos que en Estados Unidos”, resume el estratega de JP Morgan Private Bank. Además, muchas naciones de industrialización reciente han fortalecido en los últimos años sus instituciones, mejorado la disciplina fiscal y reforzado la independencia de sus bancos centrales. “Esto ha permitido reducir vulnerabilidades estructurales y aumentar su resiliencia frente a shocks externos. En algunos casos, incluso han reaccionado con mayor rapidez y prudencia que economías desarrolladas ante episodios recientes de inflación y volatilidad financiera”, recuerda Víctor Asensi, director de DPAM para España y Latinoamérica. Es más, según el responsable de DPAM, el contexto actual también está favoreciendo esta reevaluación, ya que “la fragmentación geopolítica, la relocalización de cadenas de suministro y la búsqueda de nuevas fuentes de crecimiento están posicionando a determinados mercados emergentes como beneficiarios estructurales del nuevo orden económico global”. De hecho, por primera vez en la historia, la inflación en las potencias en desarrollo, excluida China, es ahora más baja que en Estados Unidos. “No se trata de una simple nota al pie: es un cambio estructural que invierte la narrativa tradicional sobre el riesgo macroeconómico de los mercados emergentes”, añade el responsable de Pimco. Lo cierto es que el interés de los inversores en los últimos años ha sido muy desigual. Tras tres años de salidas masivas estimadas en más de 150.000 millones de dólares (129.000 millones de euros) entre 2022 y 2024, los flujos positivos empezaron a llegar entre abril y mayo de 2025. “El año pasado las entradas superaron los 30.000 millones, y en lo que va de 2026 hasta marzo se sumaban otros 13.000-14.000 millones más, con un acumulado total desde abril del año pasado de unos 40.000-45.000 millones de dólares. El conflicto de marzo generó salidas puntuales —el guion habitual— pero la recuperación ha sido rápida. Lo importante es que la clase de activo no está saturada”, concluye Gorky Urquieta, gestor y codirector del equipo de deuda del área en Neuberger. En cualquier caso, los consultados coinciden en que en los últimos años se ha visto que la economía global depende cada vez más de determinados países en crecimiento, tanto por su papel en materias primas y energía como por su peso en manufacturas, tecnología, cadenas de suministro y crecimiento de la demanda interna. En ese contexto, “algunos emergentes han pasado a percibirse menos como una fuente estructural de inestabilidad y más como una vía de diversificación frente a riesgos que también se concentran en el mundo desarrollado”, señala el equipo de análisis económico y de mercados de Afi. Ahora bien, “esto no implica que el riesgo emergente haya desaparecido, sino que se ha vuelto más selectivo”, alertan. Efectivamente, ser selectivo es la recomendación más repetida por los expertos consultados. Es el caso de Melanie Lange, directora de Federated Hermes en Iberia, para quien es clave adoptar ese enfoque, “ya que el universo de potencias en transición es cada vez más heterogéneo. Por un lado, encontramos mercados más desarrollados, vinculados a tendencias como la tecnología, la inteligencia artificial o el vehículo eléctrico; y por otro, economías más dependientes de materias primas, con dinámicas y drivers distintos”. Según la última encuesta a analistas de Fidelity International, los mercados emergentes muestran resiliencia a pesar de las perturbaciones geopolíticas, una consulta que destaca el grado de divergencia dentro de estas economías. “Las diferencias en el impulso de las reformas, la exposición a la energía y la capacidad de innovación están dando lugar a resultados empresariales cada vez más variados. En este entorno, tratar a estos mercados como una única clase de activo es menos eficaz: la selección disciplinada y ascendente de países y valores es cada vez más importante”, concluye Niamh Brodie-Machura, director de inversiones de renta variable de Fidelity International.
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