Gracias, capitán
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No era un día más para este humilde servidor. Ni siquiera, que ya es bastante, por el hecho de ir a despedir a nuestro Dani Carvajal, uno de los cinco integrantes del exclusivo grupo de las seis Copas de Europa (junto a Gento, Nacho, Modric y Kroos). Se trataba de ir a dar un abrazo final al último mohicano, a ese barbudo que ya desde la Décima en Lisboa nos ha dado tanta gloria como alegría. Por eso, cambié mi rutina habitual. El Carrusel me dispensó de entrar con ellos porque, lógicamente, al ser jornada múltiple apenas iba a poder intervenir en la cabina de la SER junto a mi amigo Antonio Romero. Eso me permitió coger mi abono del Real Madrid, el que tengo desde hace varias décadas, para acudir a la grada como un madridista más para disfrutar en el corazón del Bernabéu de esa despedida a nuestro Carva, sin olvidar a David Alaba, el Héroe de la Silla en la inolvidable 14. Cuando entré al primer anfiteatro se me pusieron los pelos de punta. Desde el año 2001 no había podido aprovechar en persona mi abono, que han disfrutado en este cuarto de siglo mi bendito padre (que en paz descanse), mi sobrino Gonzalo y ahora mi hijo Marcos. Me senté en la Fila 7 y comprobé la suerte que han tenido todos ellos en este maravilloso tiempo. Desde ahí han disfrutado de siete Champions (incluida la Novena de los Galácticos) y la verdad es que se ve todo de lujo. Y más ahora que el Bernabéu por dentro es como un videojuego de luces y sonidos que te dejan impactado. Una pasada. El speaker ya calentó motores con nuestro gran capitán al dejar unos segundos de margen entre ese “Dani...” y el atronador “¡Carvajal!” que pronunciamos los que estábamos en esas tribunas que todavía no estaban llenas al quedar mucha gente en los bares apurando la última cerveza. Pero desde que salió al campo el ‘2’ ya cayeron las primeras lágrimas. Primero con ese espléndido tifo del Fondo Sur en el que aparecía Carvajal, en modo niño de 12 añitos, junto a la leyenda Di Stéfano poniendo la primera piedra de Valdebebas. Bien elegido y bien expuesto como primer homenaje a su alargada y rutilante figura. Y luego, cada vez que Carva tocaba la pelota en esa banda derecha por la que han surcado sus sueños futbolísticos durante 13 años, más aplausos y más vítores en su honor. Yo lo vi exultante, fuerte, rápido, vigoroso... Como siempre fue Dani. No repetiré que si por mí fuera lo hubiese renovado por una temporada más. Su coraje competitivo no tiene fecha de caducidad. Jabato indomable. Nada más finalizar el partido, que evidentemente era lo de menos, fue elegante y sobrio el homenaje a David Alaba, que siempre será nuestro Héroe de la Silla y al que solo una terrible le apartó del share de la pantalla madridista. Pero con Carvajal llegó lo mejor. Las imágenes de las seis Champions conquistadas por nuestro barbudo favorito llevaron al cántico inevitable: “Cómo no te voy a querer, si fuiste campeón de Europa una y otra vez”. Y en emocionado discurso, nos dejó una perla impagable al final: “Hoy, mañana y siempre, ¡Hala Madrid!”. Enorme, Dani. Acabó la fiesta, los vítores, las lágrimas y los recuerdos. Adiós, leyendas. Imágenes que revolotean por mi cabeza con las gradas ya vacías y el eco del arrebatador himno de mi amado Real Madrid. Se me acumulan los sentimientos y un deseo: ojalá no pase tanto tiempo hasta que pueda volver aquí como socio (soy el 10.901) y como abonado. Pero hoy lo viví junto a mi hijo Marcos, como hizo mi padre conmigo durante tantos años. Ese recuerdo quedará grabado para siempre en mi blanco corazón. Te quiero, hijo. Te quiero, Madrid. ¡Lleva el deporte contigo! Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos. Descárgala aquí. ¿Además buscas licenciar contenido? Haz clic aquí




