La Euroliga, el gran título que falta en el museo de Sergio Scariolo
El Pais
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Tuvo la idea cenando en casa de Tony Parker. Sergio Scariolo contempló la colección de medallas y trofeos que el genial base francés lucía en las vitrinas de su domicilio en San Antonio y pensó que él también quería ordenar sus recuerdos en un museo íntimo. Tenía el sitio, un espacio debajo de la pista de pádel en su residencia en Marbella, junto al gimnasio. Manos a la obra. El lugar, que el técnico italiano abrió para el diario As hace un año y medio, cuenta hoy una de las carreras más brillantes del baloncesto. Brillan las cuatro medallas de oro conquistadas como seleccionador de España en un Eurobasket, un oro de campeones del mundo, una plata olímpica peleada al Dream Team y otro bronce en los Juegos. Un anillo de la NBA como asistente en los Raptors y el balón del partido que dirigió como entrenador principal entre la franquicia de Toronto y los Rockets hablan de su huella global. Conserva como un tesoro el acta del encuentro con el Scavolini de Pésaro ante los Knicks de Pat Ewing, y la del Unicaja frente a los Memphis de Pau Gasol. Su trayectoria incluye dos Ligas ACB (con Real Madrid y el equipo malagueño) y dos Copas (Unicaja y Baskonia), una Eurocup con la Virtus Bolonia, una Liga italiana con el Scavolini, y la medalla de oro de la Real Orden del Mérito Deportivo. Pero en ese museo familiar que recoge también los éxitos de su mujer, la exjugadora Blanca Ares, queda un hueco. Un título falta entre tanto metal: la Euroliga. A los 65 años, Scariolo disputa su tercera Final Four en los banquillos tras dirigir al Scavolini en 1991 y al Unicaja en 2007. La consecución del título europeo fue una de las aspiraciones que le motivó a dejar la selección y volver al baloncesto de clubes. Con el Madrid ha transitado el largo camino que supone la fase regular de la competición continental bajo un rendimiento de dos caras. El conjunto blanco ha sido una apisonadora en casa, donde solo ha perdido un partido en el curso europeo, ante el Panathinaikos, pero ha flojeado fuera, una irregularidad que ha desembocado en algunos silbidos en el Movistar Arena. Scariolo los ha asumido como parte de la exigencia en el club más laureado de Europa y también como protección a sus jugadores. El billete para Atenas después de derrotar al Hapoel en cuartos lo siente el técnico como “un sueño” y “un grandísimo éxito” de presente dentro de un proyecto de construcción a medio plazo. Aunque las lesiones de sus dos grandes pívots, Tavares y Len, le han cambiado los planes ante la semifinal del viernes ante el Valencia (20.00, Movistar). “Ha sido una sucesión de emociones”, responde Scariolo a EL PAÍS. “Primero sentí una gran ilusión por clasificarnos. Era lo que buscaba, me interesaba demostrar que todo es baloncesto y no hay una gran diferencia entre ser seleccionador o entrenador de un club. Eso me ha llenado de orgullo. Luego, una sensación de frustración porque por segunda vez en mi vida siento que tengo un equipo de Final Four, después Málaga, y se rompen los dos pívots. Ha sido un golpe. Y luego he entrado en la fase de reactivación, cómo recomponernos”. Esa reconstrucción del estilo del equipo sin sus dos gigantes, un viraje hacia un juego más rápido y abierto, es el último desafío táctico para Scariolo. El hombre acostumbrado a triunfar desde la pizarra en muchas finales persigue el gran título que le falta en su museo.
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