Zapatero: Alaska ilimitada
El Pais
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Lo peor de algunos escándalos es que te obliguen a leerte el auto judicial, como si no tuvieras nada mejor que hacer. Como en el de Zapatero cada uno dice una cosa al final te pones un copazo, suspiras y empiezas a leer, pero cuando ves el primer esquema raro de empresas intuyes que vas a hacer como que te lo has leído. Menos mal que ya en la página 30 aparece una marisquería de la carretera de La Coruña. Se humaniza todo, pero notas un desacople con tu realidad, gente que vive de otra manera, pues uno no va a marisquerías caras salvo a unas bodas de oro. Te descuelgas definitivamente cuando de ahí salen y montan una sociedad en Dubái. Esto no encaja nada con mi experiencia de salir de una marisquería. Yo salgo muy espeso, con niebla mental, también con una sensación de que el mundo está bien hecho tal como está. Desde luego nada relacionado con ponerse a trabajar o hacer algo complicado como montar una sociedad en Dubái. Es así como te invade la convicción de que nunca llegarás a nada. Aumenta con la sensación de que te has equivocado de trabajo: te pagan una pasta por hacer informes de obviedades. Eran, cito del auto, “sobre la situación política, económica y social en el mundo”. Como las redacciones que te mandaban en clase de tema libre. Pero mi sospecha de no estar preparado para la vida adulta se dispara ante la evidencia de que en los momentos importantes de la vida uno no supo estar a la altura de las circunstancias. Recordarán los primeros días de la pandemia, en marzo de 2020, encerrados en casa. Pues es ahí cuando los ejemplares más avanzados de la especie dan un salto evolutivo. En su propia evolución personal, se entiende. Cuántas historias hemos ido conociendo que transcurren en esos días. Medina y Luceño (sacan 11 millones al Ayuntamiento de Madrid y se llevan seis por material inservible); el hermano de Isabel Díaz Ayuso (se agencia 234.000 euros por mascarillas que costaron 500.000 pero cobraron tres veces más a la Comunidad de Madrid); y luego está Koldo García. El 19 de marzo de 2020, a los cinco días del inicio del estado de emergencia, Transportes iba a firmar contratos de mascarillas y él ya propuso la empresa que le aconsejaba su amigo Víctor Aldama, Soluciones de Gestión. Qué nombre tan bien elegido. Si algún día me admitieran en una trama, aunque no me dejaran ir a la marisquería, me pediría poner los nombres de las empresas. En el asunto de Zapatero mi favorita es Alaska Ilimitada, da la idea de que todo es posible. Koldo alegó el otro día en su juicio: “Medio mundo sabía que los gobiernos estaban buscando material sanitario”. Y replicó el fiscal jefe Anticorrupción: “¿Ocho millones [de mascarillas] por Puertos del Estado lo sabía medio mundo?”. Es así como te hacen sentir excluido. Eso es lo que fascina, cómo buscaba la gente a Ábalos, que solo había estado año y medio de ministro de Fomento y acababa de sentarse en el nuevo Gobierno. En esos mismos días, el 23 de marzo de 2020, uno de los tipos de la trama atribuida a Zapatero habla con otro y comenta “que necesitan llegar a las ayudas y le pregunta qué se le ocurre a nivel político”. Y el otro responde: “Tocamos a Ábalos”. ¿Lo ven? Era tendencia. A la semana ya hablan de llamar a Zapatero. Todo esto tendrá que valorarlo un juez, aunque uno, sin querer, ya valora cosas. Lo que menos entiendo, con diferencia, es que si a mí me prejubilan con un sueldazo de por vida lo último que se me ocurre es complicarme la vida para seguir trabajando. ¿Cómo se lía uno así? Qué insondables los misterios humanos, ilimitados como la misma Alaska.




